Datos personales

JAVIER PAYERAS (1974). Narrador, poeta y ensayista. Ha publicado: Limbo (novela 2011), La resignación y la asfixia (poesía 2011), Soledadbrother y relatos de autodidactas (2011),Post-its de luz sucia (poesía 2009) Días Amarillos (Novela 2009) Lecturas Menores (Ensayo 2007), Afuera (Novela 2006), Ruido de Fondo (Novela 2003), Soledadbrother (2003), Poesía Incompleta (Antología ebook 2006) y (…) y Once Relatos Breves (Cuento 2000). Su trabajo ha sido incluido en diversas revistas y antologías en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Actualmente escribe para Revista de la Universidad de San Carlos, en el blog www.javierpayeras.blogspot.com y en la columna de opinión “El Intruso” en el diario Siglo XXI en Guatemala.

martes, 5 de febrero de 2013

MUERDE LA ORILLA DEL MUNDO




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Alguien lleva la tarde llena de rabia. Rígido parpadear del corazón.

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Ese poco de ruido cuesta tanto. Ese descanso poco aún. Ese hablar a las sirenas.

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La tarea diaria, ser como un buzón de rutina. El corazón, motor de circulación de los días del cuerpo.

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Las grandes verdades son intentos, los sabios fallan, los libros mienten, pero hoy me siento feliz con ese poco de esperanza.

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Alargo una mano y bebo del vaso. Sobra tiempo cuando no existe el talento.

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Una promesa escrita al revés de un cristal. El corazón siempre recomienda el recuerdo.

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Tan apagada la calle. Todo sobra alrededor, las bolsas plásticas bailan borrachas y mis pasos son aún más ciegos. Es medianoche y espero todas las respuestas.

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Nada asombra más que llorar. No lo comprendo ¿son lágrimas ese sudor que causa el hambre?

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El fervor está lleno, la verdad es que no siento ganas de dormir esta noche. Noche, ciudad negra antes de la sinceridad.

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Cielo punto coma. Asoma el último cazador con la mano encendida.
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Cuando el cuerpo cae por tercera vez y es imposible olvidarlo. Es una adicción considerable. Se está enfermo cuando se piensa en salvarse.
¿Existe algo peor que el miedo a la reacción del dolor inevitable?

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Las palabras que no se ríen... inmaculada, constante y grande estupidez.

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Para ahorrar tiempo hay que perder la vida, empezando por ahí, todo el resto parece en vano. El deseo de vivir es dirigirse hacia donde no lo permite nadie.

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De todo lo que escribí ayer, zozobra herméticamente el humo del papel.

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Una línea rota es correr sin gloria por un chorro de luz dispersa.

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El alma es un cuerpo encerrado en una ciudad invisible.

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Los neuróticos también dormimos. Padecemos la abstinencia sexual de los malos créditos y nuestra pasión por el paleolítico. Nos dormimos en el excusado y despertamos en otro país. Somos los viejos que nadie recibe y los niños que nadie soporta. Pero nadie puede jamás quitarnos el derecho a nuestra propia razón.

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La voluntad es la percha del cuerpo.

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Las cosas cambian si se está frente a ellas y no dentro de ellas. Desde afuera se puede ser un observador privilegiado. Pero quedarse de testigo de los cambios, es sobrevivir para la soledad.

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Aparentemente se dice “escribir” y se puede señalar el clavo que sostiene el mapa, la biografía del tesoro, el árbol de la ciencia y de la muerte...
Pero la verdad es que algo inescrutable se escribe en el corazón del verdadero genio.

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Fricción de palabras que cayeron al vaso y se hicieron promesas de futuro, y el futuro no comienza sin la escenografía de un nuevo mundo.

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Sed de un vaso vacío.

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Donde vayas te persigue el peligro: cáncer, sida, gastritis, amputaciones, ceguera... Donde sigas y persistas. Donde quieras llegar siempre hallarás ángeles con espadas llameantes custodiando paraísos.

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Las dulces niñas en su tragedia, ahogadas como moscas en un frasco de perfume.

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La imagen del escritor vista por sí misma es de una irrealidad asombrosa: animal que devora siendo devorado.

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Noche. La cabeza estalla en pensamientos erráticos. El deseo destruye la realidad.


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La peor odisea es a través del fantasma de las propias contradicciones.

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¡Qué lástima verte del otro lado de la ventana, mientras mi vida se va en anotaciones al pie de una página que se borra!

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Pobre, 100 grados de alcohol, mocos afuera, huesos descalcificados, triste y asmática. Le luce mal la vida y está cansada de recorrer kilómetros para conocer a las 4 personas que nadie conoce.
Custodiada por los parásitos de la razón, en cárcel domiciliar. La razón no le ofrece ninguna esperanza.
Coagulada por buenas intenciones y buenas ideas manifestadas en no sé cuántas maneras de manifiesto,
la poesía muerde la orilla del mundo.


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La noche cicatriza. Cierra su orilla. Un cigarro aspira de largo la oscuridad.

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Suelto la oscuridad que cierra otra noche.
La noche es un sonido que puede estar donde sólo puede verse luz.
La luz es la sombra debajo del silencio.


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Escribo notas para un libro sin autor.
Un libro que no hablará de individuos con vocaciones acertadas, sino de peces.
Peces que encerrados en su insomnio se transformaron en barcos.

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Disfruto siendo lo que aún no soy. De llegar a serlo perdería para siempre esta perfecta incertidumbre de ser simultáneamente todo.

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El jugo amargo de los días idos.

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Agiganta tu miedo, hazlo grande para que sea vulnerable.
Cartografíalo, haz un mapa, demarca su territorio.
Denúncialo en la página al amanecer, cuando despiertes, cuando la muerte sea tan sólo una hoja en blanco.

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Nunca veo el cielo, sólo oigo las nubes aterrizando.

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Pienso en este país, pero es en cualquier parte del mundo donde pienso.
Aquí los pájaros tienen su propio vendaval, tienen sus propios músculos, pero sólo saben cantar con lástima.




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